Enfermedades degenerativas - Guia de Bienestar

Enfermedades degenerativas

Se trata de varias enfermedades de lenta evolución que afectan el cerebro (todo o algunas regiones) debido a una pérdida masiva de neuronas, como en el caso de la enfermedad de Alzheimer.

 ·  20/06/2023
Enfermedades degenerativas

Perder ligeramente la vista y el sentido del oído es parte natural del envejecimiento; ambas condiciones se deben a afecciones neurológicas que evolucionan paulatinamente. Las enfermedades degenerativas son aquellas provocadas por el desgaste de las células. Con el transcurso del tiempo las células de nuestro cuerpo se degeneran, y a su vez perjudica el buen funcionamiento de órganos y tejidos.

Esta es la principal causa que provoca este tipo de patologías, pero unos hábitos de vida poco saludables también pueden provocar su aparición. Este desgaste puede manifestar diferentes síntomas, según el órgano o sistema que se ve perjudicado, y las enfermedades degenerativas más comunes son aquellas que perjudican al sistema nervioso central, como el Parkinson o el Alzheimer.

Demencia

Tendemos a asociar la demencia a la senectud, pensando que es una parte inevitable del proceso de envejecimiento. De hecho, en ocasiones se utiliza el término “demencia senil” para hablar de esta afección, lo cual refleja un error: pensar que este deterioro cognitivo es normal en edades avanzadas.

La demencia no es un padecimiento específico. Más bien se refiere a una gama de síntomas que afectan el funcionamiento normal del cerebro y se traducen en pérdida de la memoria, confusión y cambios en la personalidad. Aunque este mal puede presentarse en cualquier etapa de la vida, la edad es el factor de riesgo más importante: casi 1 de cada 50 personas entre los 65 y 70 años presenta algún grado de demencia; después de los 80, la cifra se eleva a 1 de cada 5 individuos. Los genes también influyen, especialmente en casos prematuros de mal de Alzheimer.

Causas posibles

  • La demencia puede atribuirse a lesiones ya sea en las neuronas o en las fibras que las conectan, y a las bajas concentraciones de neurotransmisores en el cerebro.
  • El mal de Alzheimer es el tipo más común. La causa de las lesiones cerebrales típicas de esta afección parece ser la acumulación de una proteína anormal en las neuronas, que con el tiempo las mata.
  • Los eventos cerebrovasculares son responsables de casi un 20% de todos los casos de demencia, que reciben el nombre de demencias vasculares. Estas ocurren como consecuencia de una embolia que deja secuelas en las regiones cerebrales encarga- das de funciones intelectuales como el habla o la memoria. Es más común entre ancianos, personas con bajo nivel de escolaridad e individuos que han tenido más de un evento cerebrovascular.

Existen otras causas: demencia por cuerpos de Lewy, mal de Parkinson, demencia frontotemporal y lesiones en la cabeza. Menos frecuentes son las demencias ocasionadas por tumores cerebrales, mal de Huntington, encefalitis e infección por VIH. Las sustancias tóxicas, como el alcohol, la exposición prolongada a sustancias químicas o metales pesados, y los desequilibrios químicos asociados a la diálisis renal o a la insuficiencia hepática pueden ocasionar síntomas de demencia.

Hay padecimientos que pueden provocar síntomas demenciales, como problemas en la tiroides e insuficiencias vitamínicas. Estos se pueden tratar.

Síntomas

Además de los cambios cognitivos, que por lo general notan el paciente y su familia, pueden presentarse alteraciones en el estado de ánimo, la motivación, los patrones de sueño y la conducta. En algunos casos, los afectados no se dan cuenta del deterioro cognitivo, lo cual dificulta la puesta en marcha de medidas que podrían ayudar a paliar los síntomas. En estos casos es importante ayudar a que la persona mantenga su independencia en la medida de lo posible. Además, la dolencia dificultará el razonamiento y nublará el juicio, por lo que es vital que el paciente solucione sus asuntos financieros, redacte un testamento y tome decisiones de índole médica cuanto antes.

Tipos de demencia

Existen muchos tipos de demencia, que se distinguen por sus síntomas. Unos son más comunes que otros.

Enfermedad de Alzheimer

Es el tipo más común. Afecta la memoria, el pensamiento, el lenguaje y el razonamiento. Las células del cerebro mueren poco a poco, y la persona pierde su facultad de pensar y expresarse con coherencia. El cerebro de un paciente con esta afección se caracteriza por estar gravemente atrofiado: tal pareciera que se marchitó dentro del cráneo. Esto ocurre debido a que disminuyen las concentraciones de un neurotransmisor llamado acetilcolina, y a que aparecen placas y nudos en los circuitos neuronales; se cree que esto desconecta los circuitos encargados de almacenar y procesar la información en el cerebro.

No hay cura para el mal de Alzheimer y, aunque tampoco es posible revertir los síntomas, sí existen herramientas para atenuarlos.

Riesgos

  • Aún se siguen estudiando las causas exactas de esta enfermedad. Al parecer los genes, el ambiente y el estilo de vida son los responsables. Estos son algunos factores de riesgo probables.
  • El riesgo aumenta a los 65 años y se exacerba con cada nueva década de vida.
  • Los genes también desempeñan un papel fundamental. La demencia a veces es hereditaria. Existe un gen específico llamado apolipoproteína E4 (ApoE4) que se relaciona muy de cerca con la enfermedad de Alzheimer. Ojo: no todos los que portan el gen padecerán el mal, y la ausencia del mismo no te exenta del riesgo.
  • El mal de Alzheimer es más común en mujeres que en hombres, pero tal vez se deba a que ellas son más longevas. Por su parte, la demencia vascular es más frecuente en hombres, dada la presencia de más factores de riesgo cardiovascular, como antecedentes de afección cardiaca o hipertensión. La hipertensión recurrente, los antecedentes de golpes en la cabeza y la obesidad también podrían estar relacionados.

Síntomas

Al inicio, la enfermedad se caracteriza por pérdida de la memoria, confusión, desorientación, dificultad para llevar a cabo tareas sencillas o rutinarias, cambios en el estado de ánimo, aislamiento social, disminución en las capacidades de juicio y dificultad para tomar decisiones. En etapas posteriores la persona reacciona con ansiedad o enojo ante situaciones nuevas o estresantes; presenta dificultad para vestirse o comer; repite las mismas conversaciones; no parece recordar las palabras; experimenta problemas para leer, escribir y reconocer a familiares y amigos; duerme mal; deambula sin sentido y delira. En los casos más avanzados hay pérdida de peso, incontinencia y dependencia completa del cuidador.

Diagnóstico

Esto es difícil debido a que los síntomas se parecen a los de otras enfermedades. Las evaluaciones profundas incluyen pruebas neuropsicológicas detalladas, análisis de sangre y consultas con especialistas (psiquiatra, neurólogo, geriatra) y con la familia. Hay diferencias (signos neurológicos, patrones de inicio y velocidad de evolución) entre el mal de Alzheimer y otras demencias. Descartar otros padecimientos permite confirmar el diagnóstico. Asimismo, los doctores indicarán tomografías computarizadas o resonancias magnéticas del cerebro.

Salvo en casos en que se han confirmado otras causas (eventos cerebro- vasculares, hemorragias y tumores), la disminución del volumen del hipocampo y de los lóbulos temporal y parietal puede sugerir presencia de mal de Alzheimer; dichas alteraciones se comprueban mediante estudios de imagenología. La tomografía por emisión de positrones en ocasiones arroja datos de alteraciones en el metabolismo de la glucosa de las mismas regiones cerebrales, lo cual reforzaría el diagnóstico de esta enfermedad. Se está trabajando para desarrollar técnicas de imagenología más potentes y una prueba para cuantificar las concentraciones de proteínas asociadas al mal de Alzheimer en el líquido cefalorraquídeo.

Tratamiento

Algunos tipos de demencia se curan después de tratar la causa, como cuando se retira un coágulo o tumor del cerebro; no obstante, en el caso del mal de Alzheimer, no es posible reparar las lesiones. El objetivo del tratamiento es disminuir la velocidad con la que avanza el mal y proporcionar apoyo emocional y práctico tanto al paciente como a su familia.

Aunque todavía no hay cura para esta dolencia, existe mucha información con respecto a los mecanismos que atenúan los primeros síntomas y retrasan la aparición del trastorno. En etapas moderadas, es posible tratar el padecimiento con inhibidores de la colinesterasa. Este grupo de medicamentos aumenta las concentraciones de acetilcolina, una sustancia química que ayuda a transmitir señales nerviosas en el cerebro. En algunas personas, los fármacos permiten mejorar la memoria y la capacidad mental.

Lo más importante de todo es diagnosticar la enfermedad de manera oportuna a fin de obtener el máximo beneficio de los tratamientos disponibles y contar con tiempo suficiente para planear el futuro.

Demencia vascular

Es el segundo tipo más común de demencia en personas mayores. El daño se presenta cuando las arterias del cerebro se constriñen, por lo que dicho órgano deja de recibir oxígeno. Lo anterior puede deberse a embolias, microinfartos cerebrales o lesiones crónicas en los vasos sanguíneos del cerebro. Fumar y presentar hipertensión, diabetes, cardiopatías, enfermedades vasculares o altas concentraciones de colesterol en la sangre son factores de riesgo conocidos.

Las consecuencias de la demencia vascular dependen de la región cerebral afectada y de la gravedad de la lesión. Algunos síntomas son lentitud de pensamiento, mala concentración y dificultad para recuperar palabras, resolver problemas, planear y organizar. También puede haber signos de confusión y depresión.

Aunque no hay cura, existen herramientas para disminuir el ritmo al que avanza: hacer ejercicio frecuente y mantener un peso saludable; tomar fármacos para cualquier problema subyacente, como hipertensión o diabetes; reducir la ingesta de grasas saturadas y alimentos altos en colesterol “malo”, y mantener la salud mental en óptimas condiciones.

Demencia frontotemporal

Esta es la segunda causa más común de demencia antes de la senectud. Por lo general, aparece entre los 50 y 60 años. Hay muchas variantes de esta dolencia, que pueden traducirse en dificultad para formular y comprender mensajes. En ocasiones, también se alteran algunas funciones cognitivas (en especial aquellas asociadas al lóbulo frontal), la personalidad, la alimentación y la conducta social y sexual.

Demencia por cuerpos de Lewy

Este tipo de demencia es similar al mal de Alzheimer. Se distingue por producir cambios en la cognición y el movimiento. Las alucinaciones visuales también son comunes y la enfermedad avanza velozmente. Es posible que se presenten trastornos del sueño muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Deterioro cognitivo leve

Es más que una simple pérdida de memoria asociada a la edad, pero no llega a ser tan grave como la demencia; se cree que 1 de cada 6 personas mayores de 70 años lo padece. Los afectados experimentan problemas de memoria, lenguaje y otras funciones mentales, pero esto no interfiere en la vida diaria. Cerca de la mitad de los pacientes con deterioro cognitivo leve desarrollan demencia dentro de los 5 años posteriores al diagnóstico. En esa etapa, es vital poner en marcha cambios en el estilo de vida y otro tipo de medidas para disminuir la velocidad con la que avanza el deterioro cognitivo.

Mal de Parkinson

Es un trastorno atribuible a una menor producción de dopamina en el cerebro; ocurre cuando mueren las neuronas de una porción del tronco encefálico. Esto produce un desequilibrio entre dos sustancias químicas: la acetilcolina y la dopamina, cuya función es enviar mensajes a la región cerebral que coordina los movimientos. Las concentraciones de dopamina disminuyen, lo cual se manifiesta en los síntomas característicos: temblores y rigidez muscular.

En etapas tempranas, los síntomas son leves y, por lo general, se atribuyen al proceso de envejecimiento. Para cuando finalmente llega el diagnóstico, la mayoría de la gente ha perdido más de la mitad de las células productoras de dopamina, y la presencia de síntomas es muy evidente, entre ellos:

  • Temblores en manos, brazos, piernas, cabeza y voz, en especial en situaciones estresantes
  • Rigidez muscular, inclusive en manos y piernas, y pérdida de agilidad en los movimientos
  • Falta de coordinación y equilibrio
  •  Caminar a pasitos, arrastrando los pies
  • Lentitud de pensamiento, y dificultad para recuperar palabras, recordar datos, resolver problemas y realizar varias tareas al mismo tiempo
  • Ansiedad y depresión
  • Alucinaciones
  • Estreñimiento e incontinencia
  • En etapas avanzadas, rigidez facial con boca abierta y sin parpadeo, dificultad para hablar, comer y deglutir. Algunos pacientes desarrollan demencia.

El mal de Parkinson empeora con el tiempo. La incidencia es mayor entre personas de 55 años y más, aunque también puede presentarse antes. Es común que las personas vivan con mal de Parkinson por muchos años y que solo presenten unos cuantos síntomas. Por eso, no hay que pensar lo peor si se recibe un diagnóstico de esta enfermedad.

Diagnóstico

El primer signo puede ser la presencia de temblores leves o dificultad para utilizar una pluma (la gente empieza a hacer la letra más pequeña), pues la enfermedad afecta la motricidad fina. El doctor hará un resumen de los antecedentes médicos y una revisión neurológica: tal vez solicite a la persona que se siente, se ponga de pie, camine y extienda los brazos. También pondrá a prueba el equilibrio y la coordinación del posible paciente. Existen ciertas técnicas, como la tomografía de emisión monofotónica, que permiten detectar la insuficiencia de dopamina. La resonancia magnética por lo general se utiliza para descartar otros trastornos.

Tratamiento

Por lo general se trata con medicamentos, como la levodopa, que se convierte en dopamina en el cerebro. La cirugía puede ayudar en casos muy graves. La estimulación cerebral profunda permite calmar síntomas como los temblores y la lentitud de movimiento. Consiste en colocar en el cerebro un cable que se conecta a un dispositivo externo que se implanta en la pared torácica, desde donde genera una corriente eléctrica que estimula la región cerebral afectada.


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